Lanzarote, alcalde de Salamanca, aprovecha su paso por la responsabilidad pública para hacer apostolado. Desde el inicio de su mandato, el servicio a la Iglesia Católica y a sus postulados ha conformado toda una guía de actuación. Restauraciones de iglesias, entornos, reformas urbanísticos, erigir monumentos a santos, beatos y demás, cambios en nombres de calles con resonancia religiosa, conforman parte de su actuación como alcalde de la ciudad.
En el año 2008, con ocasión de las fiestas patronales de la ciudad y durante la misa mayor que se celebraba en la catedral de Salamanca, a la corporación municipal le correspondía hacer una ofrenda a la Virgen de la Vega, patrona de la ciudad. Curioso acto este, reñido con la separación de poderes que debe regir en una democracia avanzada. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
La participación de Lanzarote en aquél acto no se limitó a los comentarios de rigor, si no que fue una intervención política en toda regla. El alcalde criticó cuando tomó la palabra, en plena misa, la política del gobierno socialista en lo referente a la educación, contraria según él a la doctrina oficial de la iglesia, y a la interrupción del embarazo. Fue en definitiva todo un alegato político en un acto institucional y a la vez religioso. En aquél caso, la oposición socialista asistió, con el gesto torcido, impertérrita a la intervención de Lanzarote.

Tras aquello, el portavoz socialista se dirigió al obispo de la ciudad para que en el futuro se prescindiera de la intervención municipal en la misa. El prelado contestó que el no “podía hacer nada” que correspondía en todo caso a la corporación municipal no hacer la ofrenda. Curioso, la iglesia no puede ordenar esto porque, al parecer, ellos no pueden orientar el sentido de la misa. Añadió que lo que se decía por el alcalde era algo “moral” y no “político” y que en todo caso lo que el alcalde decía estaba dentro de la ortodoxia de la doctrina de la iglesia.
Sin duda, Groucho (Marx) vive, el absurdo, no solo en Salamanca si no en España, forma parte de nuestra dieta diaria.
Ayer, los socialistas acudieron como cada año a la catedral y en el momento en el que el alcalde iba a iniciar su intervención abandonaron en bloque el templo.
El lío está servido, los medios de comunicación escritos de esta ciudad, todos de derecha, han criticado con virulencia la actitud de los socialistas y el alcalde nuevamente se frota las manos. Si era esperable esta actitud de Lanzarote (el cruzado), el prelado y la derecha ¿porqué asistieron los socialistas a la misa mayor?. Cuál ha sido el riesgo de tomar una opción u otra. Personalmente creo que si el obispado mantenía su posición y el alcalde iba a intervenir con un discurso-ofrenda político, “moral” según la iglesia, la opción era clara: No acudir a la misa política. Paz aquí y allí gloria.
Los socialistas de la corporación de mi ciudad forman una muchachada voluntariosa; chicos y chicas jóvenes, producto de las listas paritarias y el culto a la juventud que en el PSOE se tiene , con el aditamento de algún que otro mayor, expresan para cada ocasión que la política municipal les brinda para dar pruebas de su candidez.
La estrecha ligazón entre política y religión en el ayuntamiento de Salamanca no es nueva. La supeditación que en determinados rasgos de la política municipal se tiene al criterio de la Iglesia, ha sido constante. No es nada nuevo, de aquellos polvos se arrastran estos lodos. Las primeras corporaciones socialistas fueron ampliamente indulgentes con la Iglesia, acudieron cada vez que era menester y de modo solícito a cuantos actos, iniciativas y ofertas inmobiliarias surgían del obispado y del clero salmantino. En aquellos tiempos, y pienso que ahora, el papel de los socialistas “vaticanistas”, pocos pero influyentes en el partido, dieron como resultado la incorporación de casi todos a las listas municipales.
Lógico es por lo tanto que el clero salmantino se encuentre crecido, lógico también es que, en conjunción con la derecha, piense que lo natural es hacer religión cuando se hace política y viceversa.
Nada nuevo bajo el sol.