miércoles, 3 de noviembre de 2010

Estados Unidos; Que poco dura la alegría en la casa del pobre




De la cresta de la ola a su base. Eso es lo que ha ocurrido en este martes negro para los demócratas. No puede decirse el que Obama no haya sido fiel a su programa de reformas sino todo lo contrario. Ahora los demócratas andan preguntándose el porqué. Una señal mas, nuevamente ha sido la abstención de los demócratas frente a la movilización de los republicanos. La movilización de la ultraderecha republicana frente a las reformas “socialistas” de Obama. El Tea Party con sus propuestas antisistema ha ganado. Un partido del sistema haciendo propuestas antisistema. ¿A qué me suena eso?

Cuando las crisis golpean y lo hace con la fuerza con la que lo está haciendo esta, el resultado político para la izquierda siempre es el mismo. El votante de izquierda en Europa, liberal en Estados Unidos, quiere resultados. Vota para que le solucionen el problema. Vota esencialmente por cuestiones económicas y eso hay muchos, ahí arriba, que no lo entienden. Una crisis generada por la derecha de todo el mundo, padecida por las capas medias y bajas de la población solo puede saldarse con medidas económicas de izquierdas. Cuando se sigue protegiendo al sistema financiero, cuando los grandes se siguen yendo de rositas, tal como sucede en los Estados Unidos y Europa y encima con los bolsillos más llenos – hace poco se publicaron en los periódicos que las grandes fortunas en el mundo, españolas incluidas, se habían resarcido ya del impacto inicial de la crisis- la lectura política que cabe hacer es que los gobiernos de izquierda y demás poderes públicos no han cumplido con su misión.

El electorado de derecha que no es uniforme, que tiene intereses diversos y a veces contradictorios entre sí, se siente, a juzgar por la fidelidad expresada en las encuestas, a gusto con aquellos que los representa. Tendrá sus más y sus menos con éste o aquel dirigente del colectivo que le representa pero a la hora de votar, va y vota. En el caso español es un electorado heterogéneo agrupado sus intereses económicos: Los liberales. Por su pertenencia a una clase: La burguesía. Aquellos a los que las propuestas rompedoras de los contrarios sobre la moral y las buenas costumbres les sirven de creciente estímulo para afianzarse en sus creencias. Los que acuden religiosamente, muy adecuado el término, a las iglesias para recibir las instrucciones correspondientes. A todos se atiende, para cada uno de ellos hay algo. Los presupuestos y las políticas están a su servicio. Ahí conviven un crápula confeso como Sánchez Dragó, el propietario meapilas de Intereconomía y con una elegida, que no es ni una cosa ni la otra, para que haga de muñidora de esos intereses y los concilie bajo la gaviota blanca.

En los últimos años, la Junta de Castilla y León ha destinado 38 millones de euros a la reparación de iglesias y ermitas a los que hay que sumar, otros 38 millones aportados por las diputaciones provinciales y un programa de restauración de edificios singulares, Arquimilenio I, II y III cercano a los 100 millones de euros de los que una parte muy sustancial, mas del cincuenta por ciento, se dedican a reparar las iglesias y sus entornos. Otro presupuesto importantísimo es el de las inversiones en Bienes de Interés Cultural (BIC) y el programa de reparación de catedrales. Las reparaciones de catedrales, iglesias y ermitas muchas requieren de un presupuesto que está muy por encima de lo que en la comunidad, se dedica a la Ley de la Dependencia y la atención a las personas que carecen de recursos.

En el otro lado, el electorado es más homogéneo o al menos eso me parece a mí y sin embargo, el desconsuelo y la sensación de orfandad en relación con los que nos gobierna, la izquierda, es más acusado. La derecha cuando gobierna hace política de derechas y contenta a su electorado. Cuando lo hace la izquierda, muchas veces hacen política de derechas y saca de quicio a gran parte de su electorado. Puede parecer que simplifico en demasía, pero solo me pongo en el lugar de aquel que ni sabe de economía, de condicionantes de mercado, de relaciones exteriores o de oportunidad política. Me pongo en el lugar del que solo tiene la voz para protestar, mano que llevarse a los bolsillos vacíos y voto que emplear. ¿Volveremos al voto censitario ya que la evidencia hace que todos, izquierda y derecha, lleguen a la conclusión de que los pobres y necesitados no saben que es lo que deben de votar? ¿Nos quitaremos la careta y mostraremos por fin la verdadera faz que nada tienen que ver nombre y acción y que de lo que se trata es de elegir a elites gobernantes que se han repartido el espacio?

Comprendo a los estados mayores de los partidos de centro izquierda y de izquierda cuando se abren en canal e intentan saber que es lo que está pasando y porqué el electorado, al que se le ha quitado la deducción fiscal, la ayuda a los hijos, se le ha subido el IVA, al que se quiere reducir el paro o se le impide irse jubilado a los sesenta y dos años y al que encima se le expulsa del trabajo, contesta cada vez que le preguntan sobre si el PSOE y Zapatero siguen teniendo su confianza – en Estados Unidos por Obama- hagan un corte de mangas y le manden a ese sitio al que nadie quiere ir forzado.

Los comprendo, porque no es fácil entender, desde donde ellos están, que esos votantes, ignorantes como ellos solos - siempre hemos tenido el mismo problema con las clases bajas – , no alcancen a saber que su bienestar futuro depende de que los ricos han de ser necesariamente mas ricos y ellos, necesariamente mas pobres, para que de ese modo, en el día de mañana, puedan recuperar un empleo mas precario y con menos derechos.

Esto es a lo que se está llamando hacer política progresista para salir de la crisis, lo que pasa es que, lamentablemente, a pesar de los esfuerzos empleados y las nuevas técnicas de comunicación no lo entienden, y en ese no entender, van a hacer que se vayan, si no corrigen el sentido de hacer política, a la puñetera calle.






1 comentario:

  1. La derecha y ultraderecha lo tiene claro y acude a votar. El voto progresista no. Cada uno tiene su desgracia y mientras no se sea capaz de movilizar al electorado, crítico por naturaleza, hay pocas esperanzas de cambios sostenibles y no efímeros.

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